El efecto “crowdout”

Uno de los aspectos cruciales de cualquier iniciativa de inteligencia colectiva (mediante crowdsourcing, innovación abierta, etc.) es el tema de los incentivos o recompensas. Al fin y al cabo suponen el impulso, la motivación, que hará que una persona decida participar o no en dicha iniciativa.

Como se ha comentado en otros posts, si se proporcionan incentivos externos hablamos de motivación extrínseca. Si lo que hacemos es canalizar una motivación previamente existente, es decir, no damos nada sino que permitimos a los participantes mediante nuestra iniciativa materializar una deseo, expresarse o realizar una acción que querían hacer, hablamos de motivación intrínseca.

En ocasiones, cuando se plantea una inicitiva de inteligencia colectiva, se puede caer el error de buscar muchos incentivos: “si ofrezco muchos incentivos, podré atraer a más gente”. Pero la búsqueda de incentivos requiere un análisis más profundo: ¿hay algún grupo de interés a quien pudiera ganarme con un incentivo determinado? ¿me compensa determinada recompensa en base al ratio coste/beneficio que aporta?, etc.

Muchas veces se recurre rápidamente al dinero como primer incentivo. En estos casos, y especialmente cuando hablamos de iniciativas que incluyen la participación voluntaria y desinteresada de la multitud, hay que tener en cuenta el denominado “efecto crowdout”. Este efecto hace referencia a la posible reducción de la motivación intrínseca de un individuo debido a la introducción de incentivos extrínsecos. Este efecto es especialmente relevante en aquellas iniciativas que para su correcto funcionamiento necesitan de la conducta prosocial de sus participantes, es decir, tareas en las que lo que el participante busca no es tanto el propio beneficio sino ayudar a los demás.

En un artículo escrito por Roland Bénabou y Jean Tirole, de la universidad de Princenton, se exponen diferentes investigaciones previas que demuestran dicho efecto: donación de sangre, recolección de dinero para actos de caridad o la búsqueda de residuos entre otros. El artículo, en base a estos casos, propone una nueva teoría del comportamiento prosocial.

Mellström & Johannesson (2008) demuestran en una investigación que las donaciones de sangre disminuyen si se ofrece un incentivo económico a cambio de la donación. Por otro lado, demuestran también que este efecto desaparece cuando lo que se ofrece no es un incentivo económico para el participante, sino donar esa cantidad a una entidad caritativa.

De todas formas, tal como afirman Bénabou & Tirole, no se puede asumir que incentivos extrínsecos sistemáticamente provoquen la disminución de la motivación intrínseca. El comportamiento humano es algo complejo y responde a diferentes motivos. Por esta razón la teoría propuesta por estos autores combina un conjunto de variables que tienen en cuenta la motivación intrínseca, los intereses materiales de los participantes y el autoconcepto que cada participante tiene de si mismo (que incluye aspectos relacionados con la reputación, la imagen que se quiere dar al exterior, la deseabilidad social, el respeto por uno mismo, etc.)

 

Referencias:

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